COMENTARIO REFLEXIVO
Tras realizar este trabajo, nos hemos parado a pensar en qué significa realmente ser educadora en un mundo que se mueve a golpe de clic. Esta presentación no ha sido solo un ejercicio académico para nosotras; ha sido una oportunidad para cuestionarnos cómo queremos que sea nuestra futura práctica profesional en un entorno cada vez más digitalizado.
Como futuras educadoras, nuestra vocación nace del deseo de acompañar, de escuchar y de transformar realidades. Al analizar las TIC, nos hemos dado cuenta de que estas herramientas son una "moneda de dos caras". Por un lado, nos emociona ver cómo una tablet puede ser la voz de un niño con dificultades de comunicación, o cómo una videollamada puede romper la soledad de una persona mayor en un pueblo remoto. Es ahí donde las TIC se vuelven mágicas: cuando sirven para incluir y para empoderar.
Sin embargo, nos preocupa profundamente que la tecnología se convierta en un muro. En nuestras futuras intervenciones, no queremos ser simples "gestoras de datos". Nos da miedo que la frialdad de una pantalla nos haga perder ese "brillo en los ojos" que se produce cuando conectas con otra persona. La verdadera educación social ocurre en el tú a tú, en la empatía y en el abrazo (aunque sea metafórico). Por eso, creemos que nuestro reto no es solo aprender a usar programas, sino aprender a humanizarlos.
No podemos ignorar que la brecha digital es, en realidad, una brecha de derechos. Como grupo, sentimos que nuestra labor también será luchar para que la tecnología no sea un privilegio de unos pocos, sino un derecho de todos. Si una familia no puede acceder a una ayuda porque no sabe usar una plataforma digital, el sistema les está fallando, y ahí es donde debemos estar nosotras para mediar y educar.
En definitiva, nos quedamos con una idea clara de que las TIC son el pincel, pero nosotras somos las que debemos pintar el cuadro. No queremos que la tecnología nos influya en como debemos intervenir; queremos que sea nuestra aliada para llegar más lejos, pero siempre manteniendo el vínculo humano como prioridad absoluta. Como futuras profesionales, nos comprometemos a usar la tecnología con cabeza, pero sobre todo con corazón, asegurándonos de que, en este mundo de algoritmos, nadie se quede fuera de la cobertura de la dignidad humana.
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